El escolta argentino, que pegó el estirón a partir de los 15 años, se retira después de 23 años de carrera, cuatro anillos de NBA, una Euroliga y un oro olímpico.

Ginóbili, durante un partido de la temporada pasada con los Spurs.

 

 

 

Si los futboleros argentinos pueden debatir durante horas (probablemente sin llegar a una conclusión final) sobre quién es el mejor de la historia, si Messi o Maradona, o hasta Di Stéfano se cuela en alguna conversación, para los amantes del baloncesto no hay dudas. El número 1 es Emanuel Ginóbili (Bahía Blanca, 41 años). Como Juan Manuel Fangio (automovilismo) y Guillermo Vilas (tenis), como Carlos Monzón (boxeo) y Luciana Aymar (hockey hierba), Manu elevó el baloncesto argentino a niveles inimaginables, incluso hasta para los más idealistas. Ganador de cuatro anillos de la NBA con los San Antonio Spurs (2003, 2005, 2007 y 2014), dos veces elegido para el All Star Game (2005 y 2011), campeón de la Euroliga con Kínder Bolonia en 2001 y oro olímpico con Argentina en Atenas 2004, Ginóbili cierra su leyenda. Después de 23 temporadas como profesional, el 20 de los Spurs anunció su adiós al baloncesto.

 

“Con una gran mezcla de emociones les cuento que decidí retirarme del baloncesto. Enorme gratitud para mi familia, amigos, compañeros, entrenadores, staff, aficionados y todos los que fueron parte de mi vida en estos 23 años. Fue un viaje fabuloso que superó cualquier tipo de sueño. Gracias”, publicó Ginóbili en su cuenta de Twitter. No engaña el escolta. Su carrera saltó todas expectativas, las suyas, las de sus compañeros; por supuesto también las del mundo del baloncesto. “Es el mejor jugador de baloncesto que nuestro país produjo. Pero aquí está la verdad: cuando era niño, Manu era normal. No era alto y era demasiado flaco. Ni siquiera estuvo en el equipo juvenil nacional”, recuerda Luis Scola, exjugador del Baskonia y los Rockets, entre otros. A los 15 años fue a visitar a un bioquímico, que le cambió la alimentación. “Tomaba a diario un batido de hígado, huevo y plátano. Estaba obsesionado con la altura, me medía todos los días en la pared de mi casa”, recuerda el Ginóbili.

 

 

 

En 1999, quedó seleccionado el puesto 57 del Draft de la NBA. Sin embargo, no fue hasta 2002 cuando aterrizó en Estados Unidos. Antes de sorprender a la afición americana, tenía que conquistar Europa: una liga italiana (2001), dos Copas (2001 y 2002) y una Euroliga (2001). “Había pasado de ser un jugador desconocido a quizás el mejor jugador del mundo fuera de la NBA. Ahora estamos muertos de emoción de que venga a San Antonio”, aseguraba Buford, gerente general de los Spurs, después de contratarlo para el equipo texano en 2002. Se coló en el segundo mejor equipo de rookies, después de colocarse su primer anillo de la NBA en 2003. Entonces, solo le faltaba coronarse con Argentina.

 

En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Ginóbili lideró a la Albiceleste hasta el oro. Doce años después, en Río 2016 se despidió de la selección. Fue el final para la llamada Generación Dorada (Scola, Nocioni, Delfino, Pepe Sánchez, Montecchia, Oberto, entre otros) la camada más brillante del baloncesto argentino. “Lo pasé muy bien. Es un placer haber jugado en este equipo y haber vivido estas experiencias. Tuve el enorme privilegio de ser parte de este grupo de jugadores que se extendió durante 20 años”, dijo el escolta. Miembro de un grupo selecto con Argentina, también en la NBA, Tim Duncan, Tony Parker y Ginóbili son el mejor trío de la NBA, sumaron 575 victorias en temporada regular y 126 en playoffs. Con una particularidad, el escolta argentino arrancaba los partidos desde el banquillo. “Manu es uno de los competidores y ganadores más grandes de todos los tiempos”, lo elogia su ahora exentrenador, Gregg Popovich.

 

 

Jugó 16 temporadas en la NBA. Siempre bajo las órdenes de Popovich y con el dorsal 20 de los Spurs. Sumó 17.097 puntos, 4.828 asistencias y 4.571 rebotes en su 1.275 partidos (218 en playoffs). “No hay muchos como Manu Ginóbili, en definitiva, es uno de los mejores de la historia”, opina su compañero Tony Parker. “Manu es un ejemplo para todos los que amamos este maravilloso deporte”, concluye Pau Gasol.

Ginóbili, el gigante que no podía crecer, le pone fin a su carrera de sueño. Esa que ni siquiera se animaba a soñar.

 

 

 

Fuente: EL PAÍS